Hace ya bastantes siglos, en el Medievo, una princesa árabe se enamoró de un príncipe cristiano, provocando las iras de su padre, el rey, que la maldijo a vivir por siempre encantada, presa en un castillo, penosa cárcel de oro, dentro del monte del Cabezo Soler, al lado del río Segura, en el camino que lleva a Guardamar.

Todos los años, y sólo en la Noche de San Juan, la Encantada baja al río en busca de quien la libere. Todos los hombres del pueblo temen este encuentro porque los que lo han intentado, y nadie ha conseguido liberarla, han muerto de la forma más horrible que se pueda imaginar, ahogados en el suelo con la lengua fuera.

Si algún hombre valiente se encuentra con ella, la Encantada le pedirá esa noche mágica que la lleve en brazos hasta el río para bañar sus cansados pies, y que sólo eso rompa el maleficio. Pero para el hombre que la lleva, la Encantada se hace cada vez más y mas pesada, miles de monstruos y pesadillas salen a su encuentro, y entonces el pobre incauto cae desfallecido en el suelo soltando de sus brazos a la princesa, y ésta vuelve a su castillo.

Dicen en el pueblo que la paz solo podrá venir al mundo cuando haya alguien lleno de verdadera valentía que pueda liberar a la Encantada de la maldición del rey. Para invocar esta liberación todas las noches de San Juan los habitantes de Rojales saltan sobre hogueras de fuego, que si no consiguen la ansiada liberación si tienen el poder de calmar el terror de la princesa tras siglos de encierro.

Por si acaso, por la noche, todos evitan el camino que acompaña el río en brumas. Todos cuentan historias de que hay quien la ha visto en la vereda del río y que la Encantada adopta distintas formas, a veces es una muchacha que hace autostop. Otros la vieron aparecer por una escuela, y hay quien asegura que la vio vendiendo flores en un mercadillo. Siempre es una muchacha bella pero sus ojos no brillan, supuran tristeza, faltándoles la vida y la libertad.